Por: Joan Guzmán.

Son diversas las comunidades y públicos que se acercan a las bibliotecas, diversas las personas en su rango etario y diversas son las razones que las mueven a visitar ese “bosque de símbolos”, como lo expresó el poeta francés Charles Baudelaire.

La necesidad de acceder a la información para un propósito específico es una de ellas, encontrarse con amigos a charlar, participar de programas o talleres. Una razón que resulta muy bella es toparse con buenos libros, porque estos se pueden prestar y es como llevarse un pedacito de la biblioteca a la casa.  

Algunos de estos públicos que suelen frecuentar las bibliotecas con asiduidad, son los jóvenes. A menudo, llegan simplemente para pasar el rato, desconectarse de la rutina o en ocasiones, con la esperanza de no salir de la biblioteca con las manos vacías, de irse de allí con un libro para leer, un libro que les permita una buena conversación con la vida, una lectura para conocer un poco más del mundo, imaginar el mundo, posibles mundos, un mejor mundo. Libros para sanar, para soñar, para encontrarse desde lo humano, para saber estar, para divertirse, para encontrar un poco de felicidad…, un libro para enamorarse de la lectura.   

Estas premisas son también la esperanza que palpita en el corazón de los promotores de lectura, quienes deben la razón de su oficio, justo a las diversas comunidades dentro y fuera de la biblioteca, donde los jóvenes ocupan un lugar destacado, dado que, la mayor de las veces, están ávidos de tener libros interesantes para leer. Los promotores de lectura, por tal razón, escudriñan entre los anaqueles con pasión aquellos títulos que deberán leer y releer no solo para recomendarlos, incluso, para ofrecerlos en programas y servicios, talleres de animación a la lectura, clubes de lectura y talleres literarios. 

A propósito de libros que cautivan a los jóvenes, Julián Pérez Quintero, promotor de lectura de la Biblioteca Héctor González Mejía, nos cuenta desde su experiencia, que el libro Loba de la escritora mexicana Verónica Murguía, “es un libro para cultivar la imaginación, para explorar el peligro y los miedos desde un lugar seguro”. Allí, el lector encontrará una obra fantástica con unas descripciones enriquecidas por el dominio de la prosa, reinos con paisajes de ensueño, reyes, heroínas y dragones. 

Angelitos empantanados, de Andrés Caicedo, es un libro que “te invita a pensar sobre tu propia vida”, dice Brayan Herrera, promotor de lectura de la Biblioteca Escolar.  El amor, el odio, la violencia, encarnados en una lectura fácil de abordar, propicia un nicho de exploración para los jóvenes. 1984 del escritor británico George Orwell, es un libro que Brayan siempre recomienda a los jóvenes. En esta obra de carácter distópico, “hay una clara invitación a hacernos preguntas acerca de nuestro rol como ciudadanos y a cuestionar con argumentos críticos a las estructuras del poder”. El libro de los abrazos, del uruguayo Eduardo Galeano, es un libro de cuentos cortos que “incluso se pueden leer después de una fiesta. Hay en ellos mensajes profundos y espirituales que impactan y estimulan al lector, igual que los contenidos de las redes sociales, en cuestión de segundos”, concluye Brayan. 

Por último, como una provocación para que los jóvenes continúen explorando su camino lector, Luis Carlos Velásquez, promotor de lectura de la Biblioteca Pública Comfenalco Castilla, los invita a acercarse a los cuentos del escritor colombiano Luis Miguel Rivas, asimismo, a su novela Era más grande el muerto, donde “el lenguaje, la música y las temáticas que aborda, contienen el espíritu de la gente joven”, habitantes de un complejo entramado de realidades sociales. 
 
En el ecosistema de bibliotecas de Comfenalco Antioquia, podrás encontrar estos y muchos otros libros de literatura juvenil.