Por: Comfenalco Antioquia.
Las cartas pueden ser de amor, de dolor o el instrumento para narrar sucesos de la vida. El género epistolar nos regala increíbles lecturas, aquí van algunas.
“Mi querido Germán: A pesar de tu discretísima carta, me doy cuenta que mueres de curiosidad por saber quién era la señora del cabello largo. La verdad es que los recuerdos son borrosos…”. Así comienza la segunda carta de Memoria por correspondencia, un libro que surge fruto de la recopilación de 23 misivas que la artista colombiana Emma Reyes envió a su amigo historiador Germán Arciniegas.
Esta obra, cuenta el promotor de lectura Luis Carlos Velásquez, se convertiría en uno de los libros más leídos de Colombia, que ya alcanza su séptima edición y que se ha traducido a varios idiomas. “A pesar de que tuvo una infancia tan dura, las cartas de Reyes no tienen un tono lastimero, incluso, hay espacio para el humor y a pesar del horror que vivió esto no fue impedimento para instalarse en Europa y convertirse en una gran artista”.
Es un relato que se queda grabado en el alma, quizás porque las cartas tienen una fuerza especial, una cercanía que hace que escritor y lector se conecten en profundos niveles. La literatura epistolar, que se construye a partir de una sucesión de cartas que se intercambian, se escriben para uno mismo, a modo de reflexión, o bien, a personas con las que ya no es posible una comunicación, tiene reconocidos títulos y otros que pueden redescubrirse en las bibliotecas públicas de Comfenalco Antioquia.
Cartas a mi madre, de Sylvia Plath, cuenta Yulisa Castaño, estudiante de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana y practicante en la Biblioteca Pública Comfenalco Castilla, es un viaje para conocer a una Sylvia que va creciendo y madurando, mientras trata de entender la vida, lo que sucede y siente de la mano de su mamá. “Ocho años tenía la autora cuando su vida se trastoca por la pérdida y el dolor. No sabemos si Plath sabía realmente lo que significaba la ausencia, pero si de algo estamos seguros por su escritura es de que la literatura fue su gran refugio y más aún su forma de entender la vida y lo que la rodeaba”.
Un enamorado Franz Kafka escribe entre 1912 y 1917 más de quinientas cartas dirigidas a la mujer con la que por momentos tenía la convicción de casarse, con la que se comprometió en dos ocasiones y con la que rompió otras tantas. En Cartas a Fenice, comenta el promotor de lectura Julián Pérez, se plantean los dilemas que envuelven al joven Kafka que se debate entre dos pasiones: el amor por Felice y su entrega al oficio de escritor. “Parecía que esos dos caminos no podían convivir. Lo acompañamos en el transcurrir de sus emociones, duelos, rupturas y en ese significado de ser escritor”.
Recomienda, además, Correspondencia (1945-1970), un intercambio entre Yasunari Kawabata y Yukio Mishima, dos grandes escritores japoneses del siglo XX, un libro “con un carácter íntimo y de gran belleza”.
Algunos autores han tenido vidas turbulentas y su forma de amar, precisamente, las ha influenciado. Por eso, Luis Carlos Velásquez destaca también el libro Cartas de amor salvaje, de Paula Izquierdo, que descubre historias marcadas por la pasión, el erotismo y el dolor de escritores como Henry Miller, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. “Un libro perfecto para acercarse al género epistolar y a las diferentes formas del amor”.
El dato
Otros libros epistolares recomendados:
- Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke
- Carta al padre, de Franz Kafka
- Correspondencia 1944-1959: Albert Camus y María Casares
- Cartas abiertas, de Juan Esteban Constaín.