Por: Lina María Palacios.

Por estos días en las bibliotecas públicas de Comfenalco Antioquia se viene hablando sobre las migraciones. Aquí la experiencia del club de lectura de la Biblioteca Centro Occidental.

Si un día, al llegar a nuestras casas, nos viéramos obligados a marcharnos sin fecha de regreso, ¿qué empacaríamos en nuestra maleta? Con esa pregunta y con el libro Cómo meter una ballena en una maleta de Raúl Guridi, llegué a los espacios de clubes de lectura de niños, jóvenes y adultos en la Biblioteca Pública Centro Occidental, en El Salado, San Javier. El silencio se posó sobre las miradas y la incertidumbre hizo eco en las palabras. Conversamos.  
Dulce María Mosquera Martínez, de 11 años, respondió: “Me llevaría la sonrisa de mi madre, la alegría de mi padre, el sabor de la comida de mi abuela, la sabiduría de mi abuelo, el sabor de la chocolatina de la tienda, los cariños de mi mascota”. 

Llegamos a las bibliotecas sin equipaje, aparentemente, hasta que abrimos un libro y dialogamos, a veces al ritmo de un buen café, en nuestros clubes de lectura. Reflexionamos y nos hacemos conscientes del equipaje que cargamos. 

Niños, niñas, grandes, adultos mayores, con gafas, con el pelo pintado, con acento marcado o silenciosos... Son muchos los que habitan las bibliotecas y una de las grandes ventajas de ellas es que son destinos libres, que no requieren pasaporte.  

“Existen maletas para casi todo: para violines, botellas, prismáticos... pero ninguna para guardar todos nuestros recuerdos”, se lee en el libro propuesto.  
¿Qué objetos tangibles podríamos guardar en nuestra maleta? ¿Cuál es el lugar de lo intangible en nuestro equipaje? Van surgiendo más preguntas. Me dicen que, si la ballena del libro es de verdad, “¿qué tan grande es la maleta, profe? ¿Cabe un país en ella?”. Y por medio de estos cuestionamientos migramos hacia las historias, los desplazamientos alrededor de la ciudad, de barrio a barrio; ampliamos nuestras geografías y reafirmamos que en nuestros espacios de lectura no existen las fronteras, en ellos solo existen las personas.  

Germán Prada Orozco, de 18 años, expresó que él se “llevaría la fotografía de mi pueblo, mis amistades, mis recuerdos, mis pensamientos, mi cuaderno, mis guayos... Me llevaría las fotografías, porque recordar es vivir”.  

Dulce María y Germán asisten sin falta a nuestros clubes de lectura. Nos reunimos una vez a la semana en la Biblioteca Centro Occidental. Se trata de una propuesta en la que no solo leemos un libro en conjunto, sino que conversamos alrededor de sus temáticas, anécdotas o problemáticas, como la migración, que es un fenómeno que afecta millones de vidas en todo el mundo.  

Como promotores de lectura, buscamos aterrizar los temas y transformarlos en conversaciones en entornos seguros, que no buscan señalar, ni juzgar, sino que tienen como propósito la interacción a través del reconocimiento del otro, de su experiencia y qué mejor vehículo para vivir esta aventura que los libros. 
 
El dato:
En las bibliotecas públicas de Comfenalco Antioquia es posible participar, de manera abierta y gratuita, en los clubes de lectura para niños, jóvenes y adultos.